Cincuenta y cuatro años después de que Chile registrara su último caso humano de rabia transmitida por un perro, la Organización Mundial de la Salud ha reconocido al país como el primero en Sudamérica en eliminar esa vía de infección como problema de salud pública. La decisión del 14 de septiembre reconoce algo más que la ausencia de muertes reportadas: Chile tuvo que demostrar que su vigilancia, laboratorios, programas de vacunación y respuesta ante emergencias pueden prevenir que la transmisión de perros a humanos se restablezca.

Esta designación representa uno de los mayores éxitos en salud pública en una región donde los casos de rabia humana transmitida por perros han disminuido en más del 98 % desde 1983. El expediente técnico de Chile fue revisado por un grupo internacional independiente de expertos convocado por la Organización Panamericana de la Salud (OPS), que afirmó que el país cumplía con los estándares acordados internacionalmente. El anuncio oficial de la OPS reconoció el logro gracias a la vacunación continua de perros y gatos, el tratamiento posterior a la exposición en humanos, la capacidad de diagnóstico, la vigilancia animal y las labores de prevención en las zonas fronterizas.

Este logro es importante, en parte, porque la rabia sigue siendo casi invariablemente mortal una vez que aparecen los síntomas, pero las muertes causadas por perros infectados son prevenibles. Se estima que 59 000 personas mueren de rabia cada año, y los perros son responsables de hasta el 99 % de las infecciones humanas, según un resumen de la OMS. La experiencia de Chile demuestra cómo un gobierno puede pasar del tratamiento de emergencia de las personas expuestas al control sostenido del virus en su principal fuente animal.

Qué significa realmente la validación de la OMS

La expresión «eliminado como problema de salud pública» tiene un significado más restringido que la erradicación. Chile ha interrumpido la transmisión en perros y ha mantenido la ausencia de muertes humanas transmitidas por estos animales, pero el virus de la rabia aún puede circular en la fauna silvestre. Las normas de la OMS establecen explícitamente que los casos humanos transmitidos por animales distintos de los perros, incluidos los murciélagos, no descalifican a un país para la validación. Esta distinción es importante porque la designación no justifica el fin de la vacunación, la vigilancia ni la atención posterior a la exposición.

Según los criterios de la OMS, un país que antes era endémico debe documentar la interrupción sostenida de la transmisión por perros, cero muertes por esa vía durante al menos dos años y la capacidad de detectar y responder a una reintroducción. El historial de Chile es mucho más extenso: el último caso humano transmitido por perros se registró en 1972. Sin embargo, el tiempo transcurrido por sí solo no fue suficiente. La revisión de expertos evaluó si los sistemas que respaldan ese historial siguen siendo capaces de detectar infecciones en lugar de simplemente no notificarlas.

Según informes independientes de Associated Press, la validación se considera el resultado de más de cinco décadas de prevención y vigilancia. Este enfoque es crucial. La eliminación de una enfermedad solo puede afirmarse con credibilidad cuando la ausencia de casos se combina con evidencia de que médicos, veterinarios y laboratorios continúan buscándolos y que las personas expuestas a animales sospechosos pueden recibir tratamiento de inmediato.

El sistema detrás de un récord de 54 años

El programa chileno integró medidas que suelen estar repartidas entre distintas agencias. Equipos municipales y nacionales llevaron a cabo campañas de vacunación masiva y puerta a puerta para perros, gestionaron las poblaciones caninas y educaron a las comunidades sobre la prevención de mordeduras. Los servicios de salud mantuvieron el acceso a la profilaxis postexposición para las personas con contacto potencialmente peligroso, mientras que los laboratorios analizaron a los animales sospechosos y los epidemiólogos monitorearon la circulación del virus.

Esta arquitectura refleja el modelo «Una sola salud»: la salud humana, la salud animal y la vigilancia ambiental se consideran parte de un mismo sistema. Las directrices sanitarias organizan la prevención en torno al control animal y la atención rápida de las personas expuestas. En la práctica, una mordedura puede desencadenar varias acciones interrelacionadas: atención de la herida y evaluación del riesgo clínico para la persona, observación o análisis del animal cuando sea posible, notificación a las autoridades sanitarias y vacunación u otras medidas de control si la vigilancia identifica una amenaza local.

La profilaxis posterior a la exposición detiene el virus antes de que alcance el sistema nervioso central. Generalmente incluye el lavado inmediato de la herida, un ciclo de vacunación y, en algunos casos, inmunoglobulina antirrábica. Los CDC explican que esta atención es casi 100% efectiva cuando se administra después de la exposición y antes de que aparezcan los síntomas. Sin embargo, una vez que aparecen los síntomas, la rabia clínica es casi siempre mortal, lo que deja a los sistemas de salud con muy poco margen de error o demora.

Por qué la vacunación canina cambia la ecuación

El tratamiento de las personas expuestas salva vidas, pero no elimina la fuente de contagio. La vacunación masiva de perros reduce el número de animales infectados y, finalmente, interrumpe la transmisión, protegiendo a las personas antes de que se produzca una mordedura. La Organización Mundial de Sanidad Animal afirma que vacunar al menos al 70 % de los perros en zonas de riesgo puede reducir a cero los casos en humanos, mientras que la vigilancia y la educación pública contribuyen a mantener este resultado. Su marco de control también hace hincapié en la gestión humanitaria de la población canina en lugar de la matanza indiscriminada.

La economía favorece la prevención en el origen animal, aunque construir la infraestructura necesaria puede resultar difícil. Un estudio de modelización estimó que alcanzar el objetivo de eliminación global requeriría años de alta cobertura de vacunación, personal capacitado y miles de millones de dosis adicionales de vacunas caninas. El modelo se basó en supuestos que varían según el país, pero captó el problema operativo central: los programas deben llegar repetidamente a poblaciones caninas que viven en libertad, en zonas remotas y con escasa documentación, y no simplemente ofrecer la vacuna en las clínicas.

La larga trayectoria de Chile sugiere que la continuidad es tan importante como la intensidad de las campañas. Un país puede interrumpir la transmisión y aun así ser vulnerable a la importación de animales infectados, a deficiencias en la vacunación, a la disminución de la concienciación pública o al debilitamiento de la capacidad de los laboratorios. La OPS indicó que Chile amplió recientemente la vigilancia comunitaria, reforzó la evaluación de riesgos y llevó a cabo la vacunación preventiva en las zonas fronterizas donde se considera más probable la reintroducción de animales. Estas inversiones transforman la eliminación, de un logro histórico, en una postura defensiva activa.

La eliminación no significa riesgo cero

La principal limitación de la designación de la OMS radica en su nombre: se aplica a la rabia transmitida de perros a personas. En América, donde la transmisión canina se ha controlado en gran medida, los murciélagos hematófagos son ahora la principal fuente de rabia humana. Otras especies de murciélagos también mantienen variantes del virus en Chile. Una persona mordida o arañada por un murciélago u otro mamífero potencialmente infectado necesita una evaluación médica urgente, independientemente del nuevo estatus del país.

La vigilancia de los murciélagos también presenta un desafío distinto al de la vacunación de perros domésticos. Los reservorios de fauna silvestre no pueden gestionarse mediante clínicas veterinarias convencionales, y los animales infectados solo pueden detectarse tras comportamientos inusuales o contacto con personas y mascotas. Por ello, el reconocimiento nacional de la enfermedad no puede interpretarse con seguridad como un mensaje de que la rabia ha desaparecido. La tarea de salud pública cambia: de suprimir la transmisión canina rutinaria a detectar rápidamente las exposiciones poco comunes y prevenir la transmisión a otros animales.

La validación también depende de la calidad de la evidencia presentada. El expediente de Chile fue revisado de forma independiente, pero ningún sistema de vigilancia observa a todos los animales ni todas las exposiciones. Las sólidas redes de laboratorios, la notificación obligatoria y la participación comunitaria reducen el riesgo de infecciones no detectadas; sin embargo, no pueden eliminarlo por completo. Por lo tanto, la designación debe entenderse como una confirmación de que la rabia transmitida por perros ya no constituye un problema de salud pública y que se mantienen vigentes medidas de defensa creíbles.

Un resultado regional con relevancia global

La validación de Chile consolida una transformación que se ha venido gestando durante décadas en las Américas. La región inició acciones coordinadas contra la rabia transmitida por perros en 1983, combinando vacunación, vigilancia, mejoras en los laboratorios y acceso a la atención médica. La revisión regional atribuye la disminución de aproximadamente el 98 % en la incidencia a este programa sostenido, más que a una sola tecnología. México se convirtió en el primer país del mundo en recibir la validación de la OMS, y ahora Chile es el primero en Sudamérica.

El panorama mundial sigue siendo mucho menos favorable. La mayoría de las muertes ocurren en África y Asia, a menudo entre niños y personas de comunidades rurales o de bajos ingresos que enfrentan retrasos en el acceso a la vacuna y la inmunoglobulina. Si bien existen las mismas herramientas de prevención, los sistemas de distribución, los datos sobre la población canina, el suministro de vacunas y la financiación son desiguales. Por lo tanto, el objetivo de la OMS de cero muertes humanas por rabia transmitida por perros para 2030 no es principalmente un desafío científico, sino un problema de cobertura, logística y compromiso político duradero.

Chile no ofrece un modelo que pueda copiarse sin ajustes. Su geografía, instituciones públicas, urbanización y capacidad veterinaria difieren de las de los países con mayor carga de morbilidad. Lo que sí demuestra la validación es que se puede verificar un largo período sin casos humanos transmitidos por perros sin desmantelar los sistemas que lo produjeron. El siguiente indicador de éxito será si Chile mantiene esas defensas y si los países vecinos pueden adoptar la misma estrategia integrada de vacunación animal, tratamiento humano y vigilancia continua.