Rusia lanzó 289 drones de ataque, 17 misiles balísticos y 59 misiles de crucero contra Ucrania durante la noche del 25 al 31 de abril, dejando fuera de servicio tres de las cinco centrales termoeléctricas privadas del país y obligando a realizar cortes de electricidad de emergencia en Kiev y al menos seis regiones. La magnitud del ataque, reportado por Reuters y detallado de forma independiente por Interfax Ucrania, ejerció una presión renovada sobre un sistema eléctrico que entra en invierno tras años de repetidos ataques.
Ucrania respondió al sector energético ruso. Funcionarios de la región de Yaroslavl informaron que un ataque con drones ucranianos dañó infraestructura e hirió a dos empleados en la refinería Slavneft-YANOS, ubicada a unos 250 kilómetros al noreste de Moscú. Estos ataques recíprocos convierten la infraestructura energética en un objetivo militar y en un punto de negociación, a una semana de las conversaciones mediadas por Estados Unidos programadas en Abu Dabi.
Tres centrales térmicas dejan de generar
DTEK, la mayor productora privada de energía de Ucrania, informó que decenas de misiles y drones impactaron tres de sus centrales térmicas durante la noche y la madrugada del 3 de noviembre. Las tres centrales dejaron de generar electricidad y la empresa calificó la destrucción de extensa. El comunicado no identificó las plantas ni reveló su capacidad combinada, una medida de seguridad que limita la evaluación inmediata del tiempo que podrían tomar las reparaciones.
El ataque, de mayor envergadura, se extendió mucho más allá de las centrales eléctricas. Funcionarios ucranianos informaron de daños en subestaciones, equipos ferroviarios, una estación de tren e instalaciones médicas en varias regiones. La agencia Associated Press informó que el Ministerio de Energía registró 20 ataques en 10 regiones, mientras que los ataques en Járkov y Dnipro dejaron decenas de heridos y obligaron a trasladar pacientes de centros sanitarios dañados.
Las interceptaciones no impidieron daños generalizados
La Fuerza Aérea de Ucrania informó que sus defensas destruyeron o neutralizaron 257 de los 289 drones y 49 de los 59 misiles de crucero. También reportó la interceptación de tres misiles balísticos o hipersónicos, aunque el número total de lanzamientos balísticos quedó parcialmente sin determinar. Incluso con estas tasas de interceptación, los misiles o drones alcanzaron 23 ubicaciones y cayeron restos en otras 14, lo que explica por qué un alto porcentaje de interceptaciones puede coexistir con importantes pérdidas de infraestructura.
El Ministerio de Defensa ruso afirmó que sus fuerzas atacaron instalaciones eléctricas que abastecen a fábricas y tropas militares ucranianas. Ucrania declaró que los ataques afectaron a los sistemas civiles de energía y transporte que dan servicio a la población en general. No se reveló la ubicación de las plantas de DTEK, y el registro completo de los ataques de ninguna de las partes pudo verificarse de forma independiente el martes. Lo que sí queda claro, a partir de los informes de las empresas y los cortes de suministro regionales, es que el ataque causó daños operativos significativos.
Ucrania amplía su campaña de refinerías
Rusia afirmó que sus defensas aéreas se enfrentaron a una operación de drones ucranianos de una magnitud inusual, y aseguró que 856 drones fueron destruidos en todo el país. El gobernador regional, Mikhail Yevrayev, declaró que 124 drones participaron en el ataque cerca de Yaroslavl, donde los escombros también causaron daños en viviendas y vehículos. Estas cifras son declaraciones oficiales rusas y no han sido confirmadas de forma independiente, pero tanto AP como Reuters confirmaron que el gobernador reconoció los daños en la refinería y las lesiones sufridas por los trabajadores.
El ataque se enmarca dentro de un esfuerzo más amplio de Ucrania por aumentar el costo económico y logístico de la guerra de Rusia, atacando plantas de procesamiento de petróleo, producción militar y bases aéreas en territorio ruso. El Ministerio de Defensa de Ucrania informó el martes que sus fuerzas atacaron al menos 30 objetivos en Rusia durante octubre, incluyendo siete instalaciones de la industria de defensa y tres aeródromos militares. Si bien estas son evaluaciones militares ucranianas, no hallazgos de daños auditados de forma independiente, reflejan cómo Kiev describe el propósito estratégico de su campaña a largo plazo.
Un alto el fuego energético pasa a la mesa de negociaciones
Los ataques se produjeron antes de las primeras conversaciones directas entre Ucrania y Rusia, mediadas por Estados Unidos, desde febrero. Está previsto que las delegaciones se reúnan los días 10 y 11 de noviembre en Abu Dabi, con la seguridad de la posguerra, la desescalada y las medidas humanitarias en la agenda. El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, ha declarado que un alto el fuego en materia energética y la protección del transporte marítimo en el Mar Negro serán prioridades. El Kremlin confirmó la asistencia de Rusia.
El canciller alemán Friedrich Merz declaró el martes que una tregua humanitaria limitada en torno a Oleshky podría servir de modelo para acuerdos más amplios sobre energía y el Mar Negro. En una transcripción, Merz también prometió más ayuda alemana para el invierno y el sector energético, y afirmó que Rusia debe demostrar que está dispuesta a entablar negociaciones serias.
Ese objetivo diplomático choca ahora directamente con los incentivos en el campo de batalla. Rusia puede usar ataques contra la generación y transmisión de energía para poner a prueba las defensas aéreas, la industria y la capacidad de resistencia civil de Ucrania. Ucrania, por su parte, puede usar ataques contra refinerías para reducir la producción de combustible, imponer costos de reparación y demostrar que las zonas de retaguardia rusas siguen siendo vulnerables. Por lo tanto, cada parte inicia las negociaciones intentando aumentar su influencia mediante el mismo tipo de ataques a infraestructuras que las conversaciones podrían intentar restringir.
El invierno eleva el costo del retraso
La incertidumbre inmediata no radica en la cantidad de armas lanzadas, sino en la duración de la pérdida de generación. DTEK no ha publicado cronogramas de reparación, y los cortes de emergencia por sí solos no revelan cuánta capacidad resultó dañada permanentemente. Los operadores de la red pueden redirigir la energía y restablecer parte del servicio tras las reparaciones locales, pero los ataques repetidos consumen transformadores, turbinas, personal y sistemas de defensa antiaérea que son difíciles de reemplazar rápidamente.
El bombardeo del martes demuestra que la guerra energética sigue activa por ambas partes a pesar de la reanudación de las negociaciones diplomáticas. La reunión de Abu Dabi podría generar un mecanismo para restringir los ataques, pero cualquier acuerdo requeriría definiciones claras, un sistema de seguimiento y consecuencias para las violaciones. Mientras tanto, Ucrania se enfrenta a una carrera contrarreloj para reparar sus instalaciones durante el invierno, mientras Rusia absorbe el creciente riesgo para sus refinerías y otras instalaciones alejadas del frente.