Hillary Clinton y Donald J. Trump ganaron cada uno siete estados el martes, convirtiendo la jornada de votación más importante de la campaña presidencial hasta el momento en una demostración de dos tipos de fuerza política muy diferentes. Clinton arrasó en el Sur y ganó Massachusetts, mientras que Trump se impuso desde Nueva Inglaterra hasta el sur profundo, lo que dejó a ambos favoritos con una mayor ventaja en el número de delegados y a sus rivales con un camino cada vez más estrecho hacia la nominación.

Los resultados, recopilados en 11 estados donde se celebraron elecciones presidenciales, premiaron el contundente apoyo de Clinton entre los votantes afroamericanos y la capacidad de Trump para unir a una amplia mayoría del electorado republicano, que permanece dividido entre varios candidatos. El análisis estado por estado de Time mostró que Clinton ganó en Alabama, Arkansas, Georgia, Massachusetts, Tennessee, Texas y Virginia, mientras que Trump se impuso en Alabama, Arkansas, Georgia, Massachusetts, Tennessee, Vermont y Virginia.

La noche no definió ninguna de las nominaciones. El senador Ted Cruz ganó en su estado natal de Texas, así como en Oklahoma y Alaska, y el senador Marco Rubio obtuvo su primera victoria en Minnesota. El senador Bernie Sanders ganó en Colorado, Minnesota, Oklahoma y Vermont. Pero la distribución de delegados —otorgados principalmente en proporción a los votos— hizo que la amplitud del apoyo de los favoritos fuera más importante que el éxito aislado de cualquier aspirante.

El muro de contención sureño de Clinton se convierte en un motor de delegados

Los mayores márgenes de Clinton se dieron en estados con un gran electorado afroamericano, la coalición que ha sido el pilar de su campaña desde su decisiva victoria en Carolina del Sur. En Georgia y Alabama, ganó por márgenes lo suficientemente amplios como para acumular delegados incluso donde Sanders alcanzó el umbral necesario para obtener cierta representación. Su victoria en Massachusetts también impidió que Sanders diera la sorpresa en un estado vecino, lo que podría haber complicado su argumento de que puede competir más allá del Sur.

Este patrón se hizo evidente en Virginia, donde Clinton combinó un apoyo abrumador de la comunidad afroamericana con un sólido desempeño entre los votantes que se describían a sí mismos como personas que buscaban experiencia y capacidad de ganar las elecciones. Reuters informó el miércoles que ganó en siete de los once estados y que aprovechó su discurso de victoria para centrar la atención en Trump, considerando cada vez más al favorito republicano como un posible oponente en las elecciones generales.

El discurso de Clinton hizo hincapié en los salarios, la educación, la atención médica y la unidad nacional. «Lo que necesitamos hoy en Estados Unidos es más amor y bondad», dijo en Miami, según la transcripción de su intervención. El mensaje buscaba contraponer su campaña a la retórica de Trump sobre inmigración y musulmanes, evitando al mismo tiempo un ataque frontal contra Sanders.

Sanders sigue contando con una buena financiación y continúa dominando entre los votantes jóvenes, pero la aritmética de los delegados es implacable. Los delegados demócratas se asignan proporcionalmente, lo que dificulta remontar un déficit sin victorias contundentes y repetidas. El apoyo de Clinton entre los líderes del partido añade otra dificultad: los delegados que no se han comprometido no determinan los resultados de las contiendas estatales, pero sus compromisos refuerzan su ventaja institucional.

Trump amplía su mapa político, pero no su mayoría

Las siete victorias de Trump demostraron que su atractivo trasciende fronteras. Ganó en Massachusetts y Vermont, en Nueva Inglaterra; en Virginia, en la costa atlántica; y en cinco estados del sur. Estos resultados se suman a sus victorias anteriores en Nuevo Hampshire, Carolina del Sur y Nevada, lo que le otorga el historial más diverso geográficamente entre los candidatos republicanos.

Sin embargo, Trump siguió obteniendo mayorías relativas en varios estados, una vulnerabilidad que solo importa si sus oponentes logran consolidarse. Las victorias de Cruz demostraron una sólida posición entre los votantes ultraconservadores y evangélicos, mientras que el triunfo de Rubio en Minnesota evidenció la existencia de un electorado que apoya una campaña republicana más tradicional. John Kasich se mantuvo competitivo en Vermont y Massachusetts, pero no logró la victoria en ninguno de estos estados.

Trump aprovechó su rueda de prensa en Palm Beach para presentarse como el organizador más eficaz del partido y argumentar que su candidatura está ampliando la participación republicana. En su discurso completo del Supermartes, afirmó que el partido se había vuelto "más dinámico" y predijo que atraería a votantes que no habían participado anteriormente. También centró gran parte de sus críticas en Rubio, cuya campaña se ha convertido en el principal vehículo para los republicanos que buscan una alternativa.

La alta participación electoral evidenció un compromiso republicano inusualmente elevado. Un análisis de la Universidad de Princeton observó que la participación republicana fue sólida en todos los estados del Supermartes, lo que refleja tanto el entusiasmo como la intensidad de la oposición dentro del partido. Una alta participación no demuestra por sí sola una expansión en las elecciones generales; también puede ser resultado de unas primarias concurridas y polémicas. Sin embargo, dificulta el intento de frenar a Trump, ya que su coalición se enfrenta a un electorado más amplio, no a uno cada vez menor.

Texas preserva la campaña de Cruz

La victoria de Cruz en Texas fue la excepción más significativa de la noche a la aplastante victoria de Trump. El estado ofrecía el mayor número de delegados republicanos del día, y la fuerza de Cruz allí, documentada en el registro de resultados oficiales del Texas Tribune, impidió que Trump se alzara con una abrumadora mayoría de delegados. Cruz también ganó en los estados vecinos de Oklahoma y Alaska, lo que le permite argumentar que él, y no Rubio, ha demostrado tener la capacidad de derrotar a Trump repetidamente.

El problema de Rubio es diferente. Ha logrado el apoyo de funcionarios electos y donantes que lo consideran el candidato más fuerte del partido para las elecciones generales, pero Minnesota fue su única victoria el martes. La asignación proporcional lo mantuvo en el recuento de delegados, pero el calendario pronto se inclina hacia contiendas donde los ganadores pueden obtener todos o la mayoría de los delegados. Sin victorias adicionales, los respaldos y la recaudación de fondos no sustituirán los votos.

Las posturas contrapuestas crean una trampa estratégica para los opositores de Trump. Cruz argumenta que Rubio debería retirarse porque él ha ganado más estados; Rubio, por su parte, sostiene que el atractivo de Cruz es demasiado limitado para unir al partido. Kasich se centra en Michigan y en su estado natal de Ohio. Mientras todos permanezcan en la contienda, Trump puede seguir ganando por mayoría simple.

El calendario comienza a castigar la fragmentación

El Supermartes puso en juego cientos de delegados, pero dejó suficientes contiendas por delante para que ambas nominaciones siguieran siendo competitivas. Sin embargo, la siguiente fase les da a las campañas menos tiempo para recuperarse y aumenta la importancia de la organización, el dinero destinado a la publicidad y el voto anticipado. Un análisis del panorama de delegados realizado por el National Constitution Center reveló que Clinton y Trump salieron de la noche con claras ventajas, aunque señaló que ninguno se había acercado a la mayoría necesaria para la nominación.

Para los demócratas, la contienda se centra cada vez más en si Sanders podrá convertir el entusiasmo y la recaudación de fondos en grandes victorias fuera de sus zonas demográficas y geográficas más fuertes. Para los republicanos, la cuestión es si los votantes anti-Trump convergerán en un solo candidato antes de que las contiendas decisivas comiencen a convertir las mayorías en una victoria aplastante.

Lo fundamental del martes es que los favoritos hicieron algo más que ganar en los estados donde les eran favorables. Clinton demostró que su coalición puede combinar el dominio del Sur con victorias en otros lugares, y Trump demostró que la oposición de los funcionarios republicanos no lo ha confinado a una sola región o tipo de votante. Sus rivales siguen activos, cuentan con financiación y tienen posibilidades de ganar. Pero tras la primera prueba a nivel nacional, la responsabilidad de cambiar el rumbo de la contienda ha recaído decisivamente sobre ellos.