La investigación de 163 páginas del Departamento de Justicia sobre la actuación policial en Baltimore concluyó que los agentes violaron repetidamente la Constitución mediante detenciones, registros y arrestos injustificados, uso excesivo de la fuerza y represalias contra la libertad de expresión protegida; prácticas que, según los investigadores federales, afectaron de manera desproporcionada a los residentes negros de la ciudad.
Las conclusiones, publicadas el miércoles tras una investigación de 14 meses, constituyen una contundente acusación federal contra las prácticas policiales cotidianas en una ciudad que aún lidia con la muerte de Freddie Gray bajo custodia policial. El departamento afirmó tener motivos razonables para concluir que el Departamento de Policía de Baltimore incurrió en un patrón de conducta que viola la Primera y la Cuarta Enmienda, así como la ley federal contra la discriminación.
Los investigadores federales examinaron cientos de miles de páginas de registros, observaron a los agentes en sus patrullas, entrevistaron a funcionarios municipales y agentes de base, y se reunieron con residentes, clérigos, representantes sindicales y grupos de defensa de los derechos civiles. El resultado no es una acusación sobre mala conducta aislada, sino un diagnóstico de los sistemas —prioridades de aplicación de la ley, capacitación, supervisión y rendición de cuentas— que, según el gobierno, impulsaron repetidamente a los agentes hacia comportamientos inconstitucionales.
Las paradas se concentran en barrios de población negra
El informe describe un departamento que utilizaba tácticas policiales de bajo nivel como estrategia central de control del crimen, especialmente en barrios predominantemente negros. Los agentes a menudo detenían a peatones sin la sospecha razonable exigida por la Constitución, registraban a personas sin justificación legal y realizaban arrestos que los fiscales posteriormente se negaban a procesar. El comunicado oficial afirmó que estas tácticas sometieron ilegalmente a los afroamericanos a tasas desproporcionadas de contacto con la policía y profundizaron la desconfianza.
Entre los ejemplos más llamativos del informe, un hombre negro de unos 50 años fue detenido 30 veces en menos de cuatro años y nunca se le presentaron cargos. Los investigadores indicaron que los afroamericanos representaban el 95% de las 410 personas detenidas al menos 10 veces durante el período analizado. El informe señala que estas disparidades no podían explicarse simplemente por las diferencias en los índices de criminalidad; las decisiones de las fuerzas del orden y la supervisión inadecuada desempeñaron un papel fundamental.
Vanita Gupta, jefa de la División de Derechos Civiles, declaró que los investigadores revisaron políticas, materiales de capacitación, archivos de asuntos internos y una gran cantidad de datos que abarcan desde 2010 hasta 2016. En sus declaraciones al anunciar los hallazgos, afirmó que casi todos los sectores consultados, incluidos los agentes de policía, coincidieron en que era necesaria una reforma sostenible.
Fuerza, libertad de expresión y residentes vulnerables
La investigación también concluyó que los agentes de Baltimore usaban habitualmente fuerza excesiva contra personas que no representaban una amenaza inmediata o que esta era mínima. Se identificó el uso innecesario de fuerza contra menores, personas con discapacidades de salud mental e individuos que ya se encontraban inmovilizados. Según los investigadores, las deficientes prácticas de denuncia y revisión permitieron que incidentes cuestionables escaparan a un escrutinio adecuado y dejaron a los supervisores sin la información necesaria para corregir problemas recurrentes.
Funcionarios federales determinaron por separado que los agentes interfirieron con la libertad de expresión protegida por la Constitución, incluso al detener o arrestar a personas que criticaban la actividad policial. El informe expresó preocupación por el manejo de las denuncias de agresión sexual e indicó que el sesgo podría estar socavando la eficacia de las investigaciones. También se detectaron deficiencias en el traslado de los detenidos, un asunto especialmente grave después de que Gray sufriera una lesión medular mortal mientras se encontraba en una furgoneta policial.
La Unión Estadounidense por las Libertades Civiles de Maryland, que se unió a organizaciones comunitarias para solicitar la intervención federal tras la muerte de Gray, declaró al inicio de la investigación que esta debía examinar el uso de la fuerza, las detenciones, los registros, los arrestos y las prácticas policiales discriminatorias. Su declaración, en la que exponía estas preocupaciones, anticipó muchos de los temas que ahora documentan los investigadores federales.
Un camino negociado hacia la supervisión judicial
El gobierno de Baltimore no cuestionó la conclusión principal de que se necesitan reformas. La alcaldesa Stephanie Rawlings-Blake y el comisionado de policía Kevin Davis comparecieron con funcionarios federales y firmaron un acuerdo que compromete a la ciudad a negociar reformas que podrían ser aplicadas por un tribunal federal. El acuerdo, en principio, identifica las detenciones inconstitucionales, las disparidades raciales, el uso excesivo de la fuerza y las represalias como áreas que requieren corrección.
Rawlings-Blake instó a los residentes a transformar su indignación por el informe en acciones concretas, y declaró a PBS NewsHour que la ciudad ya había comenzado a revisar las políticas, la capacitación y la tecnología, pero que necesitaba un marco sólido. Davis ha implementado una nueva política sobre el uso de la fuerza que enfatiza la desescalada y la importancia de la vida, una de las varias medidas adoptadas mientras se desarrollaba la investigación federal.
La siguiente etapa será la negociación de un decreto de consentimiento: un plan de reforma detallado supervisado por un organismo independiente y ejecutable por un juez federal. Estos decretos suelen establecer requisitos cuantificables en materia de capacitación, detenciones, registros, informes sobre el uso de la fuerza, investigación de quejas, supervisión y recopilación de datos. El proceso puede durar años y requerirá financiación, disciplina institucional e informes públicos.
La confianza como condición para una labor policial eficaz
La investigación comenzó en mayo de 2015, después de que la muerte de Gray desencadenara protestas, disturbios y un intenso escrutinio de las relaciones entre la policía y la comunidad. En ese momento, Rawlings-Blake solicitó formalmente al gobierno federal que examinara si la mala conducta era sistémica, una solicitud documentada en los informes contemporáneos sobre el inicio de la investigación.
Las conclusiones del miércoles argumentan que las prácticas policiales inconstitucionales no solo constituyen una violación de los derechos civiles, sino también un obstáculo para la seguridad pública. Los residentes que esperan detenciones arbitrarias o represalias son menos propensos a denunciar delitos, testificar o cooperar con los investigadores. Mientras tanto, los agentes trabajan en un entorno donde las políticas débiles y la rendición de cuentas inconsistente pueden desdibujar los límites legales y dañar la moral.
El Departamento de Justicia reconoció la cooperación de los líderes municipales y el inicio de las reformas, pero también dejó claro que los cambios voluntarios por sí solos no resolverían los problemas arraigados. La tarea ahora consiste en transformar un extenso historial de infracciones en normas que los agentes puedan seguir, una supervisión que los responsables de la organización deban hacer cumplir y resultados visibles para los residentes. Para Baltimore, el éxito se medirá por si la actuación policial conforme a la Constitución se convierte en algo habitual en lugar de excepcional, y si un departamento que durante mucho tiempo ha sido visto con recelo logra ganarse la confianza necesaria para mantener la seguridad en la ciudad.