Ocho drones explotaron sobre la ciudad de Al-Obeid, en el centro de Sudán, el miércoles por la mañana, como parte de un ataque coordinado que impactó simultáneamente en cinco ciudades y causó la muerte de al menos dos civiles, según Reuters. Los ataques, que también alcanzaron Jartum, su ciudad gemela Omdurmán y las ciudades norteñas de Atbara y El-Damer, marcaron la primera vez que drones llegaban a la región de la capital desde mayo, según testigos citados por Reuters y Ahram Online, cuyos informes se basaron en la información de un corresponsal de AFP en el terreno. Las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF), un grupo paramilitar, no reivindicaron los ataques, y el ejército sudanés no se había pronunciado hasta el miércoles por la noche, dejando sin confirmar el detonante inmediato de la escalada, incluso mientras sus consecuencias se desarrollaban en tiempo real en todo el país.

El bombardeo se produjo casi al mismo tiempo que las RSF anunciaron la captura de Geissan, una ciudad en el sureste del estado del Nilo Azul, un día antes, según Reuters. En conjunto, estos dos acontecimientos describen a una fuerza paramilitar que había pasado las últimas semanas a la defensiva en una región mientras intentaba demostrar su alcance en otras, un patrón que coincide con los informes de Turkiye Today, que citaron fuentes militares que describían interceptaciones del ejército sobre Omdurman, Bahri, Atbara, El-Damer y El-Obeid la mañana del miércoles, hora local.

Para comprender por qué un puñado de drones atacando cinco ciudades se considera una escalada significativa en lugar de una escaramuza rutinaria, conviene recordar la magnitud del conflicto. El ejército de Sudán y las RSF, que alguna vez fueron socios en un gobierno de transición tras el derrocamiento del longevo gobernante Omar al-Bashir en 2019, se enfrentaron en abril de 2023 por un plan controvertido para fusionar sus fuerzas antes de las elecciones prometidas. Más de tres años después, la guerra ha generado lo que las Naciones Unidas describen como la mayor crisis de desplazamiento y hambre simultánea del mundo, una designación reafirmada en informes de la ONU a principios de este año. Cerca de 12 millones de personas se han visto obligadas a abandonar sus hogares desde que comenzaron los combates, con aproximadamente 6,5 millones desplazadas dentro de Sudán y el resto dispersas por Chad, Egipto, Sudán del Sur y otros estados vecinos, según datos del ACNUR. Por otra parte, el Programa Mundial de Alimentos cifra en más de 19 millones el número de personas que se enfrentan a una inseguridad alimentaria aguda o peor, y según el PMA.

El mecanismo detrás de los ataques del miércoles refleja un cambio en el centro de gravedad de la guerra durante el último año. Después de que el ejército recapturara Jartum a principios de 2025, las RSF consolidaron su control sobre la región occidental de Darfur, donde investigadores de derechos humanos han documentado asesinatos en masa y violencia sexual tras la caída de El Fasher en octubre pasado, según HRW. Con Darfur en gran parte asegurada, las RSF dirigieron su atención hacia Kordofán, una región central rica en recursos que conecta sus bastiones occidentales con la capital. El ejército respondió expulsando a los combatientes de las RSF de una carretera clave que une Jartum con al-Obeid el mes pasado, según Ahram Online, un cambio de rumbo en el campo de batalla que parece haber impulsado al comandante de las RSF, Mohamed Hamdan Dagalo, conocido como Hemedti, a prometer una campaña intensificada, incluyendo la promesa de que sus fuerzas eventualmente volverían a llegar a Jartum, según Reuters. El bombardeo con drones del miércoles, que alcanzó ciudades que las RSF no pueden controlar actualmente por tierra, se ajusta a una estrategia ya conocida: cuando los avances territoriales se estancan, los ataques de largo alcance se convierten en la herramienta para proyectar una relevancia continua y presionar las zonas de retaguardia del ejército.

La geografía de los objetivos del miércoles tiene su propia importancia. Al-Obeid, capital del estado de Kordofán del Norte y hogar de aproximadamente 500.000 personas, incluidas unas 100.000 ya desplazadas por los combates anteriores, se encuentra en un punto estratégico logístico que las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF) han asediado intermitentemente durante más de un año, según detalles recopilados a partir de de Reuters. Un asedio prolongado en la zona ya ha deteriorado el suministro de electricidad, combustible, alimentos y agua, condiciones que reflejan la privación que precedió a las declaraciones de hambruna en El Fasher y Kadugli. En Jartum Norte, también conocido como Bahri, dos drones impactaron una mezquita y un transformador eléctrico, según Ahram Online; más de medio millón de residentes ya viven sin electricidad, lo que subraya cómo los daños a la infraestructura agravan, en lugar de iniciar, las dificultades en una ciudad que aún se recupera de la ocupación anterior de las RSF.

El intento de las RSF de proyectar su poder más allá de sus líneas de frente actuales también tiene una dimensión política. Desde el año pasado, el grupo paramilitar ha intentado establecer una administración rival en el territorio que controla, formando una coalición conocida como la Alianza Fundadora de Sudán, con Hemedti como presidente de un consejo presidencial, según información recopilada por el Ministerio del Interior. Este gobierno paralelo, con sede en Darfur, ha tenido dificultades para proyectar su autoridad más allá de las zonas ya bajo control militar de las RSF, una limitación que los ataques de largo alcance contra territorio controlado por el ejército podrían pretender contrarrestar. El ejército, por su parte, ha seguido una estrategia alternativa de legitimidad a través de un proceso de diálogo nacional, al tiempo que consolida su control sobre la mitad oriental de Sudán, según el mismo informe de Reuters.

El saldo humano inmediato de los ataques del miércoles fue relativamente bajo: dos muertos y seis heridos en al-Obeid, según fuentes médicas citadas por Reuters y Ahram Online. Pero la implicación estratégica es mayor de lo que sugiere el número de víctimas. Una campaña de drones que llegó a Jartum, Omdurman, Atbara y El-Damer simultáneamente indica que las RSF conservan una capacidad de ataque significativa incluso después de perder terreno en Kordofán, lo que significa que las zonas más seguras de la guerra siguen estando al alcance de los ataques aéreos, lo que complica cualquier estabilización a corto plazo que permita ampliar el acceso humanitario y restablecer el suministro de alimentos en las zonas afectadas por la hambruna, donde el PMA ya ha reducido las raciones a niveles de supervivencia mínimos en medio de una persistente falta de financiación.

Para los aproximadamente 34 millones de sudaneses que, según las estimaciones de la ONU, necesitan asistencia humanitaria, los acontecimientos del miércoles confirman que, tres años después del inicio de la guerra, ninguna de las partes ha logrado la ventaja decisiva que abriría el camino a las negociaciones, y que el epicentro de la violencia del conflicto aún puede desplazarse con poca antelación, desde un asedio rural en Kordofán hasta los cielos sobre la capital, en una sola mañana.

El contexto financiero dificulta la asimilación de esta inestabilidad. El llamamiento del PMA para Sudán, que contemplaba operaciones hasta octubre, solicitaba 579 millones de dólares y, según el informe de emergencia, la cantidad solo se había cubierto parcialmente. El informe señalaba que la organización atiende a unos 4 millones de personas al mes frente a más de 19 millones que sufren hambre aguda. Las autoridades han advertido que la escasez de fondos podría reducir las raciones en las comunidades afectadas por la hambruna a niveles mínimos de supervivencia, un escenario que el PMA describió en enero como un riesgo de revertir los logros obtenidos con tanto esfuerzo en la lucha contra el hambre.

Funcionarios sudaneses han acusado previamente a otros Estados, como Etiopía y los Emiratos Árabes Unidos, de facilitar ataques con drones contra objetivos estratégicos como el aeropuerto internacional de Jartum, acusaciones que dichos gobiernos han negado. Los diplomáticos han planteado periódicamente la posibilidad de una tregua negociada, inspirada en anteriores esfuerzos de mediación regional, pero desde el inicio de la guerra no se ha establecido un marco de alto el fuego creíble, y los ataques simultáneos del miércoles contra cinco ciudades sugieren que ninguna de las partes considera ventajosa la desescalada. Hasta que esta situación cambie, es probable que se repita el patrón observado esta semana: avances militares en un frente contrarrestados por demostraciones de alcance a larga distancia en otro, con civiles alejados del frente sufriendo las consecuencias de un estancamiento que ninguna de las partes ha logrado romper.