Barack Obama se convirtió esta semana en el primer presidente estadounidense en ejercicio en 88 años en visitar Cuba, aprovechando sus tres días en La Habana para declarar el fin del distanciamiento de la Guerra Fría, al tiempo que afrontaba el embargo económico y la represión política que aún dividen a ambos países.
El viaje reunió a un presidente estadounidense junto a Raúl Castro en el Palacio de la Revolución, ante una audiencia televisiva cubana en directo para un discurso sobre la democracia y en las gradas para un partido de béisbol entre los Tampa Bay Rays y la selección nacional de Cuba. Fue la demostración más visible hasta el momento de la apertura diplomática que Obama y Castro anunciaron en diciembre de 2014.
Según Reuters , ningún presidente estadounidense en ejercicio había pisado la isla desde que Calvin Coolidge la visitara en 1928. Obama llegó el domingo con su familia, importantes líderes empresariales y una delegación del Congreso, considerando el diálogo, en lugar del aislamiento, como el mecanismo para influir en el futuro de Cuba.
El reconocimiento diplomático se convierte en una relación pública
Estados Unidos y Cuba restablecieron relaciones diplomáticas y reabrieron sus embajadas el verano pasado, pero la llegada del presidente humanizó esas decisiones. Llovía mientras la familia presidencial recorría La Habana Vieja. Posteriormente, Obama se reunió con Castro, empresarios cubanos y miembros de la sociedad civil, incluidos disidentes a quienes el gobierno considera opositores.
En un comunicado de la Casa Blanca sobre su llegada, Obama afirmó que venía a tender la mano de la amistad y a enterrar el último vestigio de la Guerra Fría en América. El lenguaje refleja su argumento central: más de cinco décadas de relaciones rotas y presión económica no produjeron liberalización política, mientras que el contacto directo puede fortalecer las voces independientes y brindar a los cubanos acceso a la información y al comercio.
Castro celebró el restablecimiento de las relaciones, pero recalcó que la normalización aún no está completa. En su rueda de prensa conjunta, pidió el fin del embargo estadounidense y la devolución del territorio ocupado por la base naval de Estados Unidos en la Bahía de Guantánamo. Obama reconoció estas discrepancias y afirmó que el Congreso, y no el poder ejecutivo, debe derogar la parte fundamental del embargo.
La rueda de prensa en sí fue inusual. Castro respondió preguntas de periodistas estadounidenses y cubanos en un país donde el periodismo independiente está fuertemente restringido. Al ser preguntado sobre los presos políticos, negó que Cuba los tuviera retenidos y exigió una lista con sus nombres. Organizaciones de derechos humanos señalaron de inmediato a personas encarceladas o detenidas repetidamente por oponerse pacíficamente.
La acción ejecutiva flexibiliza, pero no puede eliminar, el embargo
Obama ha utilizado su autoridad regulatoria para facilitar los viajes, las remesas, las telecomunicaciones y la actividad comercial. Los cambios más recientes permiten a los ciudadanos estadounidenses realizar viajes educativos autorizados de intercambio cultural sin necesidad de pertenecer a un grupo organizado, amplían el uso del dólar en ciertas transacciones con Cuba y facilitan a los cubanos residentes en Estados Unidos la obtención de salarios.
El anuncio del Departamento del Tesoro del 15 de marzo indicaba que las enmiendas tenían como objetivo aumentar la colaboración directa, las oportunidades comerciales y el acceso financiero. El Reglamento de Control de Activos Cubanos, , entró en vigor el 16 de marzo, justo antes de la visita.
Estas medidas pueden ampliar el intercambio legal, pero no autorizan el turismo ordinario ni permiten la inversión estadounidense en general. El Congreso codificó elementos clave del embargo, y los líderes republicanos han mostrado poco interés en su derogación. Algunos demócratas y legisladores de estados agrícolas apoyan la apertura del mercado, mientras que los críticos cubanoamericanos argumentan que las concesiones han otorgado legitimidad a Castro sin garantizar reformas democráticas.
Se prevé que el servicio aéreo comercial regular se reanude gracias a un acuerdo bilateral, y el correo directo ha vuelto. Las empresas estadounidenses están explorando oportunidades en los sectores de telecomunicaciones, hostelería y agricultura. Sin embargo, la economía cubana, controlada por el Estado, la doble moneda, las restricciones a la propiedad y el acceso limitado a internet limitan la escala y la velocidad del comercio.
Obama habla directamente sobre la democracia
El discurso del martes en el Gran Teatro de La Habana fue la declaración más clara de las diferencias entre Estados Unidos y el gobierno cubano durante el viaje. En su discurso preparado para el pueblo cubano, Obama calificó la libertad de expresión, de reunión, de religión y de participación política como derechos universales. La televisión cubana transmitió el discurso, brindando a los ciudadanos un acceso inusual a un argumento que su gobierno rechaza.
Obama combinó ese desafío con el reconocimiento de los fracasos estadounidenses e insistió en que los cubanos deben determinar su propio sistema político. Elogió los avances en educación y salud, reconoció el dolor causado por la invasión de Bahía de Cochinos y décadas de hostilidad, y sostuvo que la reconciliación no requiere borrar la historia.
El reportaje de Reuters sobre el discurso destacó la tensión entre el atractivo democrático de Obama y el contexto: Castro escuchaba desde un balcón mientras el presidente describía las elecciones competitivas y un internet sin censura como fuentes de fortaleza nacional.
El presidente también se reunió con 13 disidentes y figuras de la sociedad civil en la Embajada de Estados Unidos. Su participación demostró que el diálogo no se limitará a los canales gubernamentales. Asimismo, puso de manifiesto el difícil equilibrio que mantiene la administración. Algunos disidentes creen que la normalización les brinda mayor espacio y contacto; otros temen que Washington esté renunciando a su influencia mientras continúan los arrestos y el acoso.
La prueba pasa del simbolismo a la vida cotidiana
La visita no produjo ningún acuerdo bilateral trascendental, y esa podría ser la medida más precisa de la relación. Los gobiernos pueden cooperar en materia de aviación, protección del medio ambiente, migración, lucha contra el narcotráfico y salud pública, al tiempo que continúan debatiendo sobre derechos políticos y política económica.
Para los cubanos de a pie, el éxito del acercamiento se medirá por cambios prácticos: si el acceso a internet se vuelve asequible, si las empresas privadas pueden obtener suministros y financiación, si las familias pueden viajar con mayor facilidad y si los ciudadanos pueden criticar a las autoridades sin ser detenidos. Para los estadounidenses, la cuestión es si un mayor contacto genera oportunidades económicas y una relación de vecindad más estable sin justificar la represión.
El enfoque de Obama parte de la premisa de que la exposición y el intercambio transformarán a Cuba de manera más efectiva que el aislamiento. El gobierno de Castro parece dispuesto a aceptar el comercio y la legitimidad diplomática, aunque se resiste al pluralismo político. Ninguna de las partes puede predecir qué fuerza resultará más poderosa.
La ausencia presidencial de 88 años ha terminado, pero las estructuras construidas durante ese período permanecen. El Congreso mantiene el embargo. Cuba mantiene el régimen de partido único. El logro de la visita radica en transformar esas disputas en una relación abierta donde los presidentes respondan preguntas juntos, los ciudadanos interactúen y las políticas puedan evaluarse en función de los resultados, en lugar de la hostilidad heredada.