DALLAS — Un hombre armado mató a cinco policías e hirió a otros nueve durante una manifestación pacífica en el centro de Dallas la noche del jueves, en el ataque más mortífero contra las fuerzas del orden estadounidenses desde el 11 de septiembre y una violenta ruptura en una semana ya marcada por el dolor por los tiroteos policiales contra hombres negros.

El sospechoso, identificado por las autoridades como Micah Xavier Johnson, de 25 años, disparó desde posiciones elevadas y a nivel de calle mientras manifestantes y agentes de policía avanzaban por el centro de la ciudad. Tras horas de tiroteos y negociaciones, la policía lo abatió con un explosivo colocado por un robot de desactivación de bombas, un uso extraordinario de la fuerza letal que se decidió después de que, según las autoridades, amenazara con seguir matando agentes.

El jefe de policía de Dallas, David Brown, declaró que Johnson les dijo a los negociadores que estaba furioso por los recientes tiroteos policiales, que quería matar a personas blancas, especialmente a agentes blancos, y que actuó solo. Los investigadores registraron su casa en las afueras y encontraron materiales para fabricar bombas, rifles, municiones y un cuaderno con tácticas de combate. Las autoridades aún investigan si alguien lo ayudó a prepararse.

Una marcha pacífica se convierte en una emboscada

La manifestación se organizó tras los asesinatos policiales de Alton Sterling en Baton Rouge, Luisiana, y Philando Castile cerca de St. Paul, Minnesota. Cientos de personas marcharon por el centro de Dallas mientras los agentes dirigían el tráfico y escoltaban a la multitud. Los videos previos al tiroteo muestran a manifestantes y policías interactuando sin mayores incidentes.

El tiroteo comenzó poco antes de las 9 p. m. Los agentes corrieron hacia el lugar de los disparos y ayudaron a los civiles a escapar. La confusión inicial generó informes de varios francotiradores, y la policía detuvo temporalmente a varias personas antes de centrarse en Johnson. Las actualizaciones policiales continuas reflejaron las caóticas primeras horas, incluyendo una solicitud urgente de ayuda para identificar a una persona armada que posteriormente fue exonerada de toda implicación.

Los fallecidos fueron el cabo primero Lorne Ahrens, el agente Michael Krol, el sargento Michael Smith y el agente Patrick Zamarripa del Departamento de Policía de Dallas, y el agente Brent Thompson del sistema de transporte público Dallas Area Rapid Transit. Nueve agentes y dos civiles resultaron heridos. Sus muertes convirtieron el ataque en la mayor pérdida de vidas de las fuerzas del orden en un solo incidente desde 2001.

La fiscal general Loretta Lynch declaró el viernes, en un comunicado del Departamento de Justicia, que el FBI, la Oficina de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos, el Servicio de Alguaciles de Estados Unidos y otras agencias federales estaban prestando asistencia. Hizo hincapié en que los agentes estaban protegiendo una protesta pacífica y que la violencia no puede responder a las demandas de justicia.

Un robot despliega fuerza letal

Johnson se refugió en un estacionamiento del El Centro College y se enfrentó a tiros con la policía. Durante las negociaciones, según los informes, cantó, rió y afirmó que se habían colocado bombas en el centro de la ciudad. Brown declaró que los negociadores no veían ninguna posibilidad de que se rindiera y que acercarse a él expondría a más agentes a los disparos.

La policía colocó un explosivo en un robot desactivador de bombas operado a distancia y lo detonó cerca de Johnson. Esta táctica parece ser la primera vez que un departamento de policía estadounidense utiliza un robot para matar a un sospechoso. Esta tecnología se usa habitualmente para inspeccionar paquetes sospechosos, entrar en espacios peligrosos y comunicarse con personas atrincheradas.

Un informe contemporáneo de The Guardian describió el despliegue como sin precedentes. La ley vigente permite a los agentes usar fuerza letal cuando creen razonablemente que una persona representa una amenaza inminente de muerte o lesiones graves; el método no modifica ese criterio. Sin embargo, la decisión plantea nuevas preguntas sobre la autorización, la capacitación y la rendición de cuentas cuando la fuerza se ejerce a distancia mediante una máquina.

Brown defendió la decisión argumentando que era necesaria para proteger a los agentes y a los civiles. La decisión del departamento no se debió a un incidente con armas autónomas: el robot fue controlado por humanos y la carga fue detonada intencionalmente. Aun así, las agencias que poseen equipos similares ahora deberán considerar políticas para usos que quizás nunca se hayan contemplado en sus manuales.

Dos formas de duelo chocan

El ataque en Dallas ocurrió durante las protestas por incidentes que se habían difundido rápidamente a través de videos. En Baton Rouge, grabaciones de teléfonos celulares mostraron a agentes de policía inmovilizando a Sterling antes de que le dispararan. En Minnesota, la novia de Castile transmitió en vivo lo sucedido inmediatamente después del tiroteo durante un control de tráfico. Estas imágenes avivaron la desconfianza entre muchos afroamericanos que creen que la policía usa la fuerza de manera indiscriminada y elude responsabilidades.

Los agentes de Dallas protegían el derecho a protestar precisamente por esas preocupaciones. Ese hecho se ha convertido en el eje moral de la respuesta: condenar su asesinato no implica desestimar las demandas de reforma policial, y exigir responsabilidades a la policía no justifica la hostilidad hacia los agentes como grupo.

El presidente Obama, en un discurso pronunciado el viernes en Varsovia, calificó los tiroteos como un «ataque cruel, calculado y despreciable contra las fuerzas del orden» . También afirmó que los estadounidenses deben reconocer las desigualdades raciales en el sistema de justicia penal. El reto consiste en conciliar ambas realidades en un momento en que el debate público premia la elección de una sola.

El reverendo Jeff Hood, uno de los organizadores de la protesta, declaró a Time que la marcha había sido una muestra de amor antes del tiroteo. Los manifestantes se ayudaron mutuamente a huir y los agentes avanzaron hacia el peligro. Estas acciones complican cualquier intento de considerar la noche como un simple enfrentamiento entre la policía y los manifestantes.

Dallas se enfrenta a una prueba de su modelo policial

Brown, que es afroamericano y dirige el departamento desde 2010, ha supervisado cambios en la capacitación y la rendición de cuentas, al tiempo que la tasa de criminalidad y las denuncias por uso excesivo de la fuerza en la ciudad han disminuido. Dallas ha invertido en la policía comunitaria y la reducción de la tensión, aunque sigue enfrentándose a las tensiones más amplias propias de los grandes departamentos policiales.

La investigación debe reconstruir los movimientos, las armas y la planificación de Johnson, distinguiendo las pruebas de los rumores iniciales. Las redes sociales difundieron tanto información útil de testigos presenciales como identificaciones erróneas. Una fotografía distribuida por la policía mostraba a un manifestante portando legalmente un rifle según la ley de Texas; la imagen se viralizó a nivel nacional antes de que se entregara y fuera puesto en libertad.

El relato del Washington Post sobre los hechos en desarrollo subrayó la incertidumbre que persistió hasta el viernes. Las afirmaciones sobre múltiples hombres armados, explosivos y afiliaciones requieren verificación. Brown declaró que Johnson aparentemente no tenía ninguna conexión con los organizadores de la protesta, y las autoridades no han encontrado motivos para culpar al movimiento en general.

El debate nacional sobre las armas también se intensificará. Texas permite portar rifles abiertamente, lo que dificultó, durante el caos inicial, distinguir entre manifestantes armados que actuaban dentro de la legalidad y atacantes. La policía se enfrenta a un problema particularmente complejo cuando varios civiles pueden portar armas visibles legalmente cerca de un tiroteo masivo.

El país inicia el fin de semana de luto por Sterling, Castile y los cinco agentes que fallecieron protegiendo una marcha en su nombre. Los líderes políticos se verán tentados a presentar estas muertes en narrativas contrapuestas. Dallas ofrece una lección más dura: la desconfianza, la protesta, el servicio público y la violencia convivieron en las mismas calles, pero no eran moralmente equivalentes. La tarea consiste en investigar cada muerte, proteger la disidencia pacífica y rechazar la idea de que la justicia para un grupo requiere venganza contra otro.